El pasado domingo estuve en una localidad donde tuve la suerte de vivir algunos años, estuve en sus fiestas de moros y cristianos. Hacía años que no pasaba por allí pero para mi fue una gran experiencia que quiero compartir con vosotros.
La experiencia que quiero compartir con vosotros es precisamente que cuando alguien se va deja algún rastro de cariño. Después de tanto tiempo sentí el calor de la gente, los besos, el agradecimiento por estar con ellos en el día de fiesta. Fueron tantas las sensaciones que jamás podré expresar lo que sentí el ocho de agosto de este año.
Por un lado pienso que cualquier tiempo pasado fue mejor, como decía Jorge Manrique, por otro digo que las cosas son así e incluso pienso que a las personas nos valoran cuando ya no estamos en el lugar. Son cosas mías, pero la verdad que fue tan agradable encontrarme con gentes que incluso yo creía que era inadvertido y de pronto, te besen, te den un abrazo y digan te echamos de menos. Creo que eso es lo más grande que un ser humano pueda sentir, que se acuerden de uno cuando creías que sólo se te aprecian personas que se cuentan con los dedos de una mano.
A veces vivo o vivimos tanto en nuestras cosas que no me doy cuenta de lo que he dejado atrás que incluso me gustaría volver, pero claro yo por edad ya no sería el mismo. Bendito pueblo
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